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Tim Burton: Transgresiones en la frontera de lo siniestro
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Revista - cine
Escrito por Alfonso Gª. Moraleja   
Domingo, 04 de Abril de 2004 01:00

Tim BurtonCon motivo del estreno de su última película, Big Fish, vamos a intentar llevar a cabo una breve, muy breve, lectura antropológica de la obra de Tim Burton, rico collage de patrones culturales.

Desde sus inicios como animador en la Disney, hace ya dos décadas, Tim Burton ha demostrado gozar de un universo propio, producto del reciclaje y su consecuente reinterpretación del panorama cultural popular del siglo XX -el cine de terror, serie B y ciencia-ficción, los cómics, el circo y la televisión-, y del folklore y las fiestas populares -la Navidad o Halloween-. Esto le enclava dentro de un grupo de cineastas, satélites del plantea Hollywood, que alternan proyectos más personales con otras producciones más comerciales -aunque, a mi juicio, no por ello dejan de ser personales-, tales como el tan de moda (y con razón) Peter Jackson, Sam Raimi o Guillermo del Toro. Pese a sus evidentes diferencias estéticas -aunque sí se puede observar más de un punto en común entre la filmografía burtoniana y la obra de Jackson-, han recuperado para el panorama fantástico su carácter de cocktail cultural.

El Carnaval burtoniano
Si existe un término que califique mejor la trayectoria de Tim Burton sería el de carnavalesco, juzgándose “carnaval” como desarrollo de las transgresiones (Bajtin, M. La cultura popular en la Edad Media y Renacimiento) que se llevan a cabo gracias al disfraz: la transgresión hombre-mujer, en la que o bien es el hombre quien se disfraza de mujer, o viceversa, superando las diferencias de género; la transgresión hombre-animal, mediante la cual crece la identificación con el mundo de las bestias y los instintos más primarios, y la transgresión hombre-objeto, dejando patente la cosificación del ser humano. En cuanto a la primera de estas transgresiones, el biopic del cine dentro del cine Ed Wood (1994) supone un film ejemplificador, y el “peor director de todos los tiempos” encarnado por Johnny Deep se traviste -siente pasión por los jerseys de angora- e incluso cuenta su caso en su primer film, Glen or Glenda.
Sin embargo, es la identificación de sus personajes con el mundo animal la preferida por Burton, traduciéndose sobre todo en Batman, el hombre-murciélago, Catwoman, la mujer-gato, o Pingüino, el hombre-pingüino, protagonistas de la segunda parte de su díptico sobre el señor de la noche, Batman vuelve (1992). Bajo este disfraz, los habitantes del universo burtoniano se encuentran cómodos y, a su vez, realizados. Es el rol que representan el que condiciona sus actos: Batman, oculto entre las sombras nocturnas, murciélago acechador, terror de los delincuentes; Catwoman, felina que recorre los tejados de Gotham City, antagonista y a la vez complemento femenino del superhéroe, y Pingüino, delincuente condicionado por un físico monstruoso, que encuentra la paz entre las aves acuáticas del zoológico. Este planteamiento se llevaría al extremo en la reciente El planeta de los simios (2001), remake de la película de Franklin J. Schaffner de 1968, donde la tierra está dominada por desarrollados primates con cualidades humanas. Eduardo Manostijeras (1990) tiene como tema central la humanización de un elemento inanimado. Su protagonista, Eduardo, es un personaje creado a partir de máquinas de fabricar galletas y supone una relación hombre-máquina u objeto-ser humano imposible de desligar, ahondando en el tercer aspecto carnavalesco. Así, el universo burtoniano se enlaza con el universo infantil y la transgresión carnavalesca es una transgresión subyacente en el individuo de forma natural desde su infancia. El disfraz, como símbolo precisamente de violar las normas adultas, supone un cierto retroceso a los primeros años de vida, a la pulsión, al deseo del niño.

El cuerpo fragmentado
Dentro de esta pulsión, de ese apetito especular, se encuentra arraigado en nuestra cultura occidental el deseo de observar el cuerpo troceado. El impulso animal de atentar contra lo que culturalmente se ha considerado como sagrado supone en sí mismo otra forma de transgresión, que ha estado latente en el imaginario del populacho -la desmembración del cuerpo humano, y concretamente del femenino, es recogido dentro de la imaginería propia del número circense, donde la partenaire del ilusionista es introducida en cajas o barriles, para ser atravesada por sables, o fragmentada en varias partes por planchas de acero-. El propio Burton, en el libro Tim Burton por Tim Burton, confiesa que durante un tiempo le sedujo la idea de la imagen de una mujer fragmentada y cosida -imagen que se tradujo en el diseño del traje de Catwoman, en Batman vuelve, y en la muñeca Sally, en Pesadilla antes de Navidad (Henry Sellick, 1993)-. En este último caso, el extremo de la transgresión llega con la automutilación realizada por la muñeca para poder escapar de su creador.
No obstante, este afán de desmembración del cuerpo humano tiene su culmen en la decapitación. Burton ya había jugado con la idea del descabezamiento en Bitelchús (1988) o en ¡Marte Ataca! (1996) -donde el científico interpretado por Pierce Brosnan y la periodista que da cuerpo Sarah Jessica Parker son abducidos por los siniestros marcianos y decapitados para poder llevar a cabo sus experimentos-, pero es en ese homenaje a las películas de la productora británica Hammer Films que es Sleepy Hollow (1999) donde la decapitación se convierte en el eje central de la siniestra narración y donde precisamente la posesión de la cabeza del fantasma conlleva la posesión de su cuerpo y, por consiguiente, el dominio de sus actos.
Tim Burton juega con una iconografía deliciosa y embaucadora, punto de inflexión entre figura y fondo. Es un creador de mundos fronterizos, llenos de pulsiones, de imágenes fantasmales, sobre fondos siniestros. Se trata -como lo fue Meliès hace cien años- de un ilusionista del cine.

BIG FISH. La última película de Tim Burton se estrena el día 5 de Marzo con un reparto encabezado por Ewan MacGregor. Junto a este, Billy Cudrup, Albert Finney, Helena Bonham Carter, Steve Buscemi y Danny DeVito. La historia enmarcada en un particular universo burtoniano habla de un falso aventurero cuyo hijo cansado de oír sus mentiras decide abandonarlo. Pasados los años se reencuentra con su padre enfermo.

 

 
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