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AÑO DE NIEVES Creo que el pasado diez de enero ha sido la primera vez que me no he podido ir a trabajar por las inclemencias climatológicas. La nevada que cayó en Madrid, me dejo absolutamente incomunicada y eso que vivo en el centro de la capital. Los taxis no respondían, y los coches se iban más de lado que las bragas de alguna que yo me sé. El aburrimiento me hizo reflexionar sobre cómo un país como España, que se supone somos primer mundo, y con los avisos que había por todos los medios de comunicación acerca del temporal, se colapsaran los aeropuertos, los trenes y las carreteras. ¿Qué hicieron esos días Zp, Gallardón o Esperanza Aguirre y demás mandatarios del país? Me les imagino en su casa con la manta, las palomitas y el DVD, esperando a que la cosa amainase, porque de otra manera no me lo explico. El lunes, ya que todo esto pasó un domingo, las calles aún estaban llenas de placas de hielo, y en unas condiciones que daban vergüenza, y no me refiero a las calles principales de la ciudad, que esas estaban divinas, me refiero a las de los barrios de alrededor. Parece que eso importa menos. Así que lo pienso, y a estos les enviaba a Rusia a hacer un curso rápido de cómo solucionar problemas climatológicos, sin caer en la incomunicación, y en perder dinero el resto de españoles, que tenemos que ganarnos el pan. Simplemente vergonzoso, así queríamos luchar por una candidatura olímpica que nos ha endeudado hasta las cejas, y que vamos a pagar entre todos, en los años venideros. Lo de siempre, ellos hacen lo que les da la gana y nosotros nos callamos como putas, porque es lo que toca. Váyanse todos a la mierda, o así se resbalen en la nieve. Yo sigo confiando en lo positivo, y ya que un día me he quedado en casa sin trabajar, la nieve nos traiga a todos más bienes, y ya con eso que nieve lo que quiera, que yo ya tendré un abrigo.
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