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“El franquismo estaba dando sus últimos coletazos, como quien dice, y España necesitaba algo que proyectase una imagen fuerte de sí misma”, comenta Roberto Álamo, Urtain, en el último proyecto de la compañía que dirige Andrés Lima. “Así crearon un ídolo de la nada. Un chico que a los veintitantos años sale de su aldea sin una cultura general, sin una cultura afectiva y emocional. Sin las bases para construir su propia vida y que en seis meses se ve rodeado de dinero, éxito, fama, coches, mujeres…”. Quién puede resistirlo. Quién puede seguir viviendo cuando todo aquello que te ha aupado, te abandona. “Él no era tonto. Jugó sus cartas pero no le salió bien; a otros les salió mejor.” Así habla el último premio Unión de Actores al mejor Actor Revelación, de un personaje que lo acompaña desde hace casi tres años. “Ocho meses antes de los ensayos, comencé a ir todos los días al gimnasio y ya llevamos dos años con la obra. Está siendo difícil, duro no, duro es estar en la mina”. Dice sobre el proceso para crear un personaje en el que ha buceado hasta extraer de él toda su quebradiza humanidad. “No quería hacer una imitación, con todos mis respetos. Tenía que encontrar un equilibrio, por eso hablé con Andrés (Lima) y le comenté que quería acercarme a él en las dos facetas; en el físico, con su voz, con su forma de moverse, de escuchar, de mirar y también en su interior, para lo que investigué durante meses quién era, cómo entendía, cómo pensaba, cómo vivía… ha sido un trabajo exhaustivo y muy gratificante”.
Doce asaltos musicales Un trabajo que comenzaba con un guión cinematográfico escrito por Juan Cavestany, que Andrés Lima consideró “un buen material teatral, pues en él había más que una biografía del famoso boxeador, un reflejo de la España franquista de finales de los setenta, ésa que ya aspiraba a ser europea”. Para el director, Urtain “es una tragedia clásica, cuyo héroe vive y acaba su vida de forma violenta y a la que el sentido del humor convierte en una obra contemporánea” y muy musical, pues cuenta con una banda sonora compuesta por Nick Powell “alejada del pesimismo que en primer lugar pedía este personaje, pues queríamos mostrar en todo momento la violencia que experimentó en su vida”. La música es también un vehículo que nos conduce a lo largo de la vida del boxeador. Una vida que Animalario ha fraccionado en doce asaltos y que comienza por su suicidio hasta llegar a su infancia, marcada por los golpes, por la violencia paterna, concluyendo prácticamente en su nacimiento. “Por esta razón, la música es una pieza clave del montaje” precisa Andrés Lima.
La violenta y trágica vida de un ídolo caído En el ring teatral de este montaje, una escenografía que ha sido creada por Beatriz San Juan y que quizá acentúa aún más si cabe el componente de violencia y dureza vital del boxeador. En el reparto acompañan a Roberto Álamo, Alberto San Juan, Alfonso Lara (candidatos como mejores actores de reparto), Raúl Arévalo que da vida al boxeador Pedro Carrasco y al ex presidente del gobierno, Adolfo Suárez; Luis Bermejo, que interpreta a Raphael; y María Morales y Estefanía de los Santos que se convierten en sus dos esposas. José Manuel Ibar Aspiazu nació el 14 de mayo de 1943 en Arrona (Guipúzcoa) concretamente en el caserío Urtain, del que tomaría su nombre deportivo y con el que se convertiría en una estrella del boxeo al proclamarse campeón de Europa de los pesos pesados en 1970 al vencer al alemán Meter Weiland; pero murió solo, abandonado, olvidado el 21 de julio de 1992 desde la terraza de su domicilio en Madrid. Andrés Lima señala una de las muchas preguntas que se hacía José Manuel Ibar “¿Qué he hecho yo para que todo lo que hago sea tan sucio?”. Tal vez, lo único que hizo fue creer en esa España, generadora de juguetes rotos, de ídolos “que no hacen nada especial para ello”; tal vez creyó en esa España capaz de acabar con cualquiera con tal de lavar su imagen.
El bagaje de Animalario Tras un año de gira y éxitos, Urtain regresa al Teatro Valle Inclán, segunda sede del CDN, con un aval que en la historia de la compañía es algo con lo que se cuenta de antemano y que, aún así, su director agradece con una humildad que lo hace aún más grande, si cabe. Junto a Muerte de un viajante dirigida por Mario Gas, son las dos obras que atesoran más candidaturas de cara a la próxima ceremonia de los Premios Max, optando a Mejor director, Mejor actor y Mejor espectáculo teatral, con la anteriormente citada y La casa de Bernarda Alba” que ha dirigido Lluis Pasqual. Tras Marat-Sade de Alfonso Sastre, Urtain es, sin duda, el mayor éxito de una compañía teatral con unas señas de identidad muy propias, que van más allá de la calidad de una propuesta teatral.
El Baile de. Irène Nemirovsky. Dramaturgia y dirección: Sergi Belbel. Con Roberto Álamo, Raúl Arévalo, Luis Bermejo, Alfonso Lara / Alberto San Juan, Víctor Masán, María Morales, Estefanía de los Santos, Luz Valdenebro. Teatro Valle Inclán. Hasta el 11 de abril. Urtain fue un boxeador tan mediocre como lo era la España franquista de finales de los años 60 y comienzos de los 70 del pasado siglo. Sin embargo (o tal vez gracias a ello) alcanzó una gran fama y se convirtió en uno de los grandes personajes mediáticos de nuestro país. Se quitó la vida saltando desde la terraza de un décimo piso en 1992, cuatro días antes de que España purificara su imagen mundial a través de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Urtain es un viaje a través de una España que se mueve por un camino marcado por la sangre y la política, el destino y la fabricación, la inocencia y la mentira, el deseo atormentado y la posibilidad siempre fugaz del éxito.
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